Han pasado nueve meses desde que un representante de nuestra administración autonómica se comprometió con nuestra comunidad educativa a entregarnos unas instalaciones provisionales en las adecuadas condiciones de seguridad y habitabilidad para nuestros hijos.

Han pasado seis meses desde que empecé a alarmarme ante la inactividad apreciada en el cumplimiento de las realidades que habían comprometido.

Y han pasado casi cinco meses desde que el curso escolar 2009-2010 se inició en precario y que a día de hoy en precario permanecen algunas de las necesidades diarias del alumnado.

A día de hoy, el incumplimiento por parte de los responsables de Consellería de un importante compromiso ha vuelto a ser utilizado como estandarte bajo el cual intentar desgastarse unos a otros en batallas particulares que nuevamente finalizan con la frase “son ellos los que no han cumplido”.

Y sin embargo, nadie, ni unos ni otros, han informado a nuestra comunidad de la situación en que se encuentran las futuras instalaciones del CEIP Clara Campoamor, las que supuestamente deben albergar a nuestros hijos en el próximo curso 2010-2011.

Sólo desde este punto de encuentro hemos visto gráficamente la evolución temporal de esa infraestructura que, desde un principio, ha sido nuestro primer y principal objetivo. Ninguna administración nos ha transmitido formalmente o a través de los medios la previsión del futuro de los alumnos del CEIP Clara Campoamor el próximo curso.

Todos sabemos, ellos y nosotros, que para la construcción de este edificio no les ha primado la búsqueda del bien común o realizar una labor social, para ellos eso es cosa de ONG,s.

La empresa constructora, al fin y al cabo, es una empresa privada que tiene que entregar una obra en un plazo acordado a su cliente CIEGSA, empresa pública cuyo fin es construir centros educativos, siempre previo un acuerdo económico; ésta, a su vez, tiene que hacer entrega de esta infraestructura a la Generalitat para que dote de personal y material sus instalaciones; y ésta, a su vez, la entrega al correspondiente Ayuntamiento para su mantenimiento.

Y, durante todo este proceso, hay que pasar las correspondientes inspecciones, legalizar y poner en marcha las instalaciones (electricidad, contraincendios, calefacción…), contratar los suministros necesarios (electricidad, agua, gas…), obtener las necesarias licencias, etc, etc.

Vamos, hay mucha gente y muchos organismos que tienen que hacer sus deberes con antelación, adelantándose en la medida de sus posibilidades, pero a tenor de la experiencia de este curso, lo único cierto que sabemos es que el plazo de la obra finaliza en julio y que en septiembre se inicia el nuevo curso.

Por supuesto, siempre nos queda nuestro compañero de travesía, el colegio Mestre Canaletes, con suficientes aulas libres para cubrir nuestras necesidades durante otro año de provisionalidad.

Me preocupa que nuestras administraciones desvíen su atención del futuro colegio hasta que de bruces nos topemos con la realidad el próximo curso, y sólo se acuerden de sus obligaciones cuando necesiten colocar una placa de inauguración de cara a réditos electorales en el 2011.

Marquémosles los tiempos y exijámosles claridad; fuera cortinas de humo y calladas por respuesta.

Donde todo ha sido incumplir la palabra dada, donde cualquier compromiso ha sido papel mojado, donde por acción u omisión nuestras administraciones no han actuado, es difícil confiar en la mano que puedan tendernos.

Aún así, espero y deseo, que el inicio del nuevo curso no sea en el 2011 (ni en septiembre, ni en enero) y que la única placa que luzca en la fachada del CEIP Clara Campoamor no lleve el nombre de aquellos que ni hicieron ni quisieron hacer su trabajo.

Un saludo,

Manuel García Mazón