Respecto de las valoraciones que Raúl Zaragoza hace, a lo expuesto por mí, en “Consideraciones sobre el Colegio Clara Campoamor”, como mínimo lo respeto. Y le respeto a él y a sus compañeros de Dirección de AMPA.

Sólo deseo hacer una última consideración, añadiéndola a las ya mencionadas anteriormente y encaminada a la colaboración, participación o implicación de los padres.

   Hay padres que queriendo implicarse en el trabajo de la Junta Directiva, no han podido, por así venir reflejado en los Estatutos de la Asociación y corresponder al estricto cumplimiento de las normas.

   Visto lo visto, un padre, que desde su voluntad, desea y necesita implicarse en el Proyecto de Construcción del Colegio, merece, como mínimo, el mismo trato proporcional que el dispensado al Director Territorial de Educación de Alicante o al Director General de Régimen Económico de la Consellería en Valencia.

   Y en comparación, los únicos, que han sido estrictamente fieles en el cumplimiento de sus deberes, han sido dichos padres, que han acatado fielmente lo dispuesto en las normas.

   Y si desde la Dirección del AMPA, cortésmente agradecemos a los técnicos de Consellería su trabajo y esfuerzo, al Director General de Régimen Económico, su implicación con los sufridos atrasos, y al Director Territorial de Educación, encaje de bolillos para situarnos en las instalaciones del Gabriela Mistral, no estaría, ni mucho menos de más, el considerar la situación de estos padres.

   Padres de niños de 3, 4, 5 ó 6 años, que no siendo responsables de toda la que ha caido, con ganas y voluntad, exponen legítimamente una intención de participar en el Proyecto de Construcción de su Colegio. Situación única e irrepetible a la que excepcionalmente deberían tener la posibilidad de acceder.

   Y ya, a estas alturas, se debería haber percibido dichas aspiraciones, así como que una norma o ley, poco tiene que decir a un grupo social o asociación, si no imparte justicia, ya que para estos padres, ser de los pocos que están cumpliendo con las normas, no invita especialmente a la confianza. Y a esto se le llama agravio comparativo.

   No vaya a ser que aquí sólo se tenga en cuenta lo que la Consellería o la Dirección Territorial, planteen.

   Resulta que, a estas alturas, de la Administración, nadie se comprometió con nada, ni con plazos, ni con procesos, ni siquiera con el escrito que se hizo público en Asamblea, quedando como lo que pensábamos que era y no fue. De los técnicos, los tiempos necesarios empleados y alargados para nuestra seguridad. Esto es, tardanza incomparable con el funcionamiento diario de arquitectos, aparejadores y población, implicada hasta hace poco en el sector de la construcción. Todo esto, cuanto menos, increíble.

   Y además todos ellos “… al final pueden y hacen lo que quieren y cuando quieren”.

   Y con todo lo que hay en la olla, resulta que no, que hasta que no se convoquen elecciones, no hay cargo de vocal, y si no, haber venido antes.