Con la aprobación del Proyecto Básico y Licitación de Obras del Colegio Clara Campoamor, parece que la cosa empieza a tomar forma. Se tienen datos concretos  que falta corroborar con el comienzo de las obras. Después de todo lo que ha caído sobre los padres y desde el momento que se tuvo las primeras promesas  sobre la construcción del colegio, no me queda más que un sabor agridulce, a medio camino entre lo que se ha conseguido, y la lentitud de un proceso, que ahí queda.  Etapas agotadas al máximo e implacables para desesperación de los padres. Pero cuidado, que los padres no se alteren, que no tomen parte, que todo lleva su tiempo, que seguro es por nuestro bien. En esta historia del colegio, se ha creado una dinámica en cuanto menos muy llamativa. De una parte, la Administración, ejemplo garante de madurez, seriedad, método y buen hacer en todos y cada uno de sus pasos,  agradeciendo siempre desde la Asociación, su profundo  “esfuerzo y compromiso”. De otra parte, los padres, representados por la necesidad, la desesperación y la indignación en protestas, que eso sí, las formas, según determinadas opiniones, son determinantes para conseguir los objetivos propuestos. Y aquí nos encontramos con la clave de la cuestión. ¡Ustedes, padres radicales, voceros y con malas formas, manejados al antojo de determinados intereses políticos, que no piensan más que en manifestarse! ¡Sean más moderados y tengan paciencia!

   La desesperación vende poco y se nota mucho. El cinismo aberrante no se nota nada y además se disculpa. Al final de esto parece contar sólo la buena educación. Para el Sr. Bañares y adláteres, la educación son formas, y no sólo a ellos.

Para un número, cuanto menos, respetable de padres, la buena educación es algo cuanto menos distinto y  se fundamenta en una exigencia social de compromiso y equidad para una mejor formación de nuestros hijos y  esto último, que parece tener sentido lógico, no tiene por qué estar intoxicado por opciones políticas interesadas.